La Fundación CajaSur patrocina esta iniciativa que crea ocho puestos de trabajo, cuatro de ellos para personas con discapacidad intelectual
CATI MOLINERO 31/10/2012
Ana Belén Matencio, Ana Isabel Barroso, Ana Belén Jiménez y David Medina son cuatro jóvenes emprendedores y quieren trabajar. Ayer se mostraban ilusionados y excitados ante la presentación de una iniciativa empresarial que, bajo la forma de cooperativa de trabajo asociado, han conseguido poner en marcha junto a otros cuatro compañeros. Para ellos supone la materialización de un sueño: conseguir su autonomía personal y su inserción sociolaboral a través de un empleo digno, en igualdad de oportunidades. Este es un logro al que aspira cualquier joven, y conseguirlo en su caso tiene un mérito especial, ya que su discapacidad intelectual --aquello que se considera estar por debajo de la línea -- no les ha hecho cejar en el empeño de sacar adelanteEcoqueremos , proyecto destinado a la recogida de aceite usado para su posterior conversión en biodiesel. "Queremos mejorarlo todo: nuestro futuro y el medio ambiente", comentaba David Medina. Y, con este fin, la iniciativa se insertará en el programa Ecoescuelas , basado en la intervención socioeducativa para impulsar una mayor conciencia ecológica, siendo las escuelas, institutos y entidades sociales los puntos prioritarios de recogida de aceite.
"Nos hemos asociado cuatro personas con discapacidad y otras cuatro sin discapacidad para conseguir un trabajo y, ahora, ¡somos propietarios!", remarca orgullosa Ana Isabel Barroso. Ella reconoce que "es lo mejor que me ha pasado, porque una integración digna es lo que nosotros necesitamos". Y para ello, han contado con el patrocinio de la Fundación CajaSur. Su director, Angel Cañadilla, destacó ayer el valor de Ecoqueremos, "un proyecto en el que se ven reflejadas todas nuestras aspiraciones como entidad: acción social, impulso del tejido productivo, generando empleabilidad, inclusión y respeto por el medio ambiente".
Con su afán de superación y entusiamo, estos cuatro jóvenes son un verdadero ejemplo de que es posible nadar a contracorriente, superando todo tipo de barreras, no solo las que impone la discapacidad sino la propia coyuntura económica.

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